La trastienda del #e_congreso e-volución

Enfrentarse a la presentación de un congreso, cuando no eres profesional de la cosa, supone crear un cóctel de responsabilidad, cierto temor, estrés y falta de sueño. Que sea la segunda vez no reduce esa sensación. Más bien, al contrario. La primera vez todo el mundo te concede el beneficio de la duda. La segunda te expone mucho más. La mirada del espectador puede ser más crítica.

El único remedio casero que se me ocurrió para reducir los riesgos fue arriesgar. ¿Congreso e-volución? Pues hablemos de la evolución, pero la del pasado. Convirtamos lo digital en analógico y volvamos acto seguido a lo digital, en un retruécano que me pareció divertido.

Así, la primera idea fue sacar al escenario todo tipo de artilugios antiguos. Un teléfono antiguo, una máquina de escribir de los años veinte, un tomavistas, una cámara estenopeica, un telegrama.

Luego, a base de apuntar ideas por aquí y por allá, se redondeó el hilo conductor.

Todo lo que saliera al escenario tendría su explicación a través de Twitter, red social que se muestra en pantalla durante la jornada con la etiqueta #e_congreso

Y luego vinieron los detalles.

Por ejemplo, la indumentaria.

Foto de José Colodrón

Tuit lanzado minutos antes de comenzar el evento, seguido de otro con na encuesta.

Camisa negra, pajarita de píxeles, tirantes con rayas verde fosforito y gemelos de Space Invaders verdes.

¿La explicación? Un homenaje a las pantallas de fósforo verde, con las que comenzamos a conocer qué era eso de la informática. Aunque no todos acertaron con el motivo…

Resultado final de la encuesta.

Luego lanzamos un tuit analógico. Un mensaje de papel atado a un pájaro de peluche. El tuit era este:

Imagen incrustada en el tuit lanzado por José Colodrón, con el mensaje original y su añadido a mano.

La tipografía no es la de Twitter. Era la JMH Old Typewriter, una letra que imita los caracteres de las antiguas máquinas de escribir.

Tampoco el pájaro era casual. Era un Angry Bird. El azul. Por dos motivos. Porque luego se iba a hablar de videojuegos y porque es azul, como el pájaro de Twitter.

Lanzamiento del tuit desde el escenario. El mensaje iba atado con clips al pájaro azul de Angry Birds.

Todas las intervenciones estaban escritas y numeradas y recortadas en un tamaño manejable. En cada salida al escenario sacaba solo la que tocaba. Después la tiraba y cogía la siguiente, para evitar errores. Sin embargo, la intervención “a lo Gila” era sin papeles, había que memorizar. El teléfono me lo dejó Alma Escudero, una compañera del Parque Científico de la UVA. Es una reliquia familiar.

Fotografías de Ramón Gómez y Gabriel Villamil

Homenaje a Gila. “¿Está el CEO? Que se ponga”. Con un teléfono de 1900, cedido por Alma Escudero.

La máquina de escribir, una Remington Portable, es propia. Me la regaló mi santa. Parece que es de 1920 aproximadamente. Y funciona perfectamente.

Fotografías de Ramón Gómez y Gabriel Villamil

Con una Remington Portable de 1920, aproximadamente.

Como iba a hablar de Martín Fernández, de su artículo sobre el “fotocinematotelefonógrafo” de 1901, el día antes preparé una pieza para la web de El Norte. Titulé “El Norte vaticinó Internet… ¡En 1901!”. Mis compañeros de la web lo publicaron a las 13 horas, para que estuviera listo para que yo pudiera enlazarlo en cuanto me bajara del escenario, pero no antes, para no destripar nada de lo que iba a contar.

El tomavistas era cosa de mi santa. Mejor dicho, de mis suegros. Con él grabaron a su hija cuando regresaron de Francia, donde trabajaron a destajo como tantos miles de castellanos y leoneses emigrantes de los sesenta.

Tomavistas cedido por mi santa, Estrella Alonso.

Una máquina que no todo el mundo podía permitirse, como me recordaban en Twitter.

Saqué un telegrama. Una imitación, en realidad. Por idea de mi santa, que trabaja al fin en esto tanto como yo, utilicé la Seminci. Era ideal por dos motivos: porque justo el día del evento se iba a presentar oficialmente su 63ª edición y porque su nombre, Seminci, tiene que ver con los telegramas, cuando resultaba más barato llamarla así que Semana Internacional de Cine de Valladolid.

Telegrama modificado con tipo de letra de máquina de escribir sobre una imagen real.

La última broma fue realizar un selfie con una cámara estenopeica. Es decir, con una cámara que era, en realidad, una caja de cartón.

Fotografía de Gabriel Villamil

Intento de autorretrato con público con una cámara estenopeica ficticia.

Imité la que nos había regalado semanas antes Álvaro Remesal, un viajero atípico enamorado de la fotografía. Cámaras cuyo disparador es un cartón, con película fotosensible y la incertidumbre de saber si acertarás con el encuadre, el tiempo de exposición…

Cámara estenopeica real. Recomienda una exposición de dos segundos con una película de 400 ISO.

Durante el evento, además de intervenir entre los diferentes bloques temáticos, publiqué 19 tuits que le daban continuidad a la presentación.

Esta es la intrahistoria de un trabajo que se escapa de mis rutinas habituales. Gracias a los que me ayudaron en el proceso, a los que participaron, aplaudieron y disculparon los errores y a El Norte por pensar que podía estar a la altura del evento. ¡Hasta la próxima!

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