Fotógrafos de prensa

Mal pagados, acuciados por el intrusismo, entorpecidos por esa legión de aficionados de móvil que se creen que la fotografía es poner filtros en Instagram, obligados a aceptar otros trabajillos para redondear el sueldo de autónomo, poniendo en riesgo sus propios equipos… Fotógrafos de prensa. Ese es su dibujo hoy. Entregados al contrato de colaborador y sometidos muchas veces, demasiadas, al criterio de quien considera que, al fin y al cabo, cualquiera puede hacer una foto hoy en día.
Reivindico justo lo contrario. Hoy, más que nunca, un buen fotógrafo es un activo valiosísimo para un periódico. Porque es su ojo el que marca la diferencia con los demás. El que otorga el plus de calidad al diario o la web. ¿Todo el mundo hace fotos? Sí. Pero no todo el mundo sabe hacer buenas fotos. Y menos aún buenas fotos periodísticas, esas que cuentan una historia completa en una sola escena.
Viene esto a cuento del último premio Cossío, que se ha llevado mi compañero Gabriel Villamil por un fotón. Concretamente, por este:

Incendio en León, en la Sierra de la Cabrera. Premio Cossío 2017 de Gabriel Villamil (El Norte de Castilla)

Entre mis primeros recuerdos profesionales están varias escenas con Ramón Gómez, hoy jefe de Fotografía en El Norte (la foto destacada es su áccesit en el Cossío 2004) y entonces un tipo que igual se encaramaba a un camión de patatas mientras los agricultores protestaban por su bajo precio, como ordenaba al consejero de la Junta más pintón que se pusiera así, o así, o cogiera este chisme mientras miraba hacia su izquierda para posar para la foto. Luego vinieron más. Toño Tanarro y Toño de Torre en Segovia, con Juan Martín ‘Chas’ y Fernando Peñalosa en la competencia; Luis Calleja, José Luis Leal y Tico Luca en Zamora; Ramón Gómez y Gabriel Villamil en decenas de viajes futbolísticos con el Real Valladolid, Henar Sastre, Jonathan Tajes, Miguel Ángel Santos, Ricardo Otazo, Fran Jiménez, un montón de becarios con más o menos fortuna, algunos muy buenos, Alberto Mingueza (con un futuro ojalá que brillante); y de otros medios e instituciones, como Jonathan González, cubriendo un partido de pretemporada en Inglaterra con la pierna inmovilizada por una lesión, Lostau, Paco Heras, Montse Álvarez, Leticia Pérez, Pablo Requejo, Fernando Blanco, Nacho Gallego, Rubén (El Día), Nacho Carretero (Seminci), César Manso, Carlos Arranz, Carlos Espeso, Carlos Barrena

Según escribo me vienen a la cabeza más y más fotos. Porque estos tipos son sus fotos. Y son, además, una manera de enfrentarse a la profesión. He tratado de aprender de sus virtudes y manías y sé, con total certeza, que el periodista que soy se debe en buena medida a las muchas horas que he compartido con ellos. Desde que revelaban los carretes del fútbol en el cuarto de baño de una habitación de hotel hasta hoy, cuando mandan las imágenes sin sacar la tarjeta-carrete de la réflex. 

Por eso celebro sus premios y me alegro de tenerles cerca. Porque, hablemos egoístamente, un reportaje o una crónica siempre son mejores si se acompañan de imágenes como las que ellos consiguen. Gracias a todos por el camino recorrido y por el que aún nos queda por recorrer. Y oigan, si una foto les gusta, valórenla. Detrás de ella hay un ojo que merece su reconocimiento. 

P. D. Gabriel me pidió que hiciera un texto para la memoria que debía acompañar a su foto, la del Premio que he puesto un poco más arriba. Siempre es difícil defender el trabajo propio. No sé qué texto presentó finalmente. Yo escribí esto:

“Era un verano seco precedido de una primavera seca y a las puertas de un otoño seco. El fuego, en este caso, era una amenaza cierta que se concretó, en Castilla y León, en el nefasto último fin de semana de agosto. En este escenario, los vecinos de Santa Eulalia contemplaban con desesperación el poder de devastación de unas llamas contra las que los servicios de extinción batallaban infructuosamente. En esas situaciones lo que queremos plasmar es precisamente eso, la historia que se atisba tras las caras de los vecinos afectados y el esfuerzo de quienes tratan de frenar la tragedia. El gesto de la mujer, con la mano en la frente, como si quisiera despertar de la pesadilla, nos transmite esa desesperación en primer plano. Tras ella, inconmovible, el fuego avanza ante la oposición de los bomberos. La escena muestra un momento crucial en el suceso, el que marca el momento en que hay que sobreponerse a la resignación, que parece la única posibilidad, para conseguir acabar con la amenaza”.

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