“Se ha quemado Macrolibros”

“Se ha quemado Macrolibros”. El primer día que escuchamos esto no le dimos suficiente trascendencia. Otras veces había habido incendios en el Polígono de Argales, nuestra casa, y como no había heridos ni tampoco conocíamos demasiado de lo que había tras las vallas de nuestro vecino, todo quedó en una nota a dos columnas. Pero al día siguiente empezamos a preguntar. 250 familias, entre empleos directos e indirectos, dependían de Macrolibros, una empresa que, con diferentes nombres y dueños, llevaba muchos años arraigada en la ciudad. Peor aún. La larga tradición de las artes gráficas de contratar a familiares de los trabajadores más veteranos hacía que en Macrolibros se complicara aún más el futuro de familias completas.

Primero contamos la petición de ayuda de trabajadores y empresarios (pertenece a un grupo de capital riesgo).

Después entramos en la nave quemada para asistir al desastre: seis máquinas de imprimir, toda la planta completa, absolutamente arrasadas por el fuego.

Y después tocó poner rostro a la tragedia. Los de los trabajadores que, después de un buen año, veían amenazado su futuro y el de sus familias.

El punto y seguido fue la primera reunión de empleados, en la que los empresarios trasladaron la decisión de seguir adelante con la empresa y de volver a funcionar cuanto antes.

El tema de Macrolibros aún sigue. Solo se cerrará el día que las máquinas de imprimir vuelvan a funcionar.

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