Tan a gusto
Pues eso. Que el anunciante, propietario de una tienda de muebles, se quedó tan a gusto. O tan a gustito, como desafinaría Ortega Cano. No se le ocurrió mejor cosa que hacer un juego de palabras, y fue a fallar en lo más sencillo. «Estar a gusto» sería lo correcto. Y no «agusto«. En todo caso, este anuncio me deja, como diría un buen asturiano, «muy mal a gusto«. Y es curioso pero, tal y como lo pronunciaba un «güelo» que conocimos, siempre me lo imaginé junto, «malagusto«. Como una palabra con significado propio. Y más simpática, desde luego, que «agusto«, aunque sólo fuera por el acento asturiano.

